Cómo decido qué automatizar (y lo monto sin liarla)
Una de las frases que más repito: automatizar el caos solo te da un caos más rápido. Lo he aprendido a base de automatizar cosas que no debía y de pelearme luego con el resultado.
el problema
Hay una tentación muy fuerte cuando descubres lo que se puede automatizar: automatizarlo todo. Y es un error.
Si coges un proceso desordenado, lleno de excepciones y decisiones "a ojo", y lo automatizas tal cual, no lo arreglas: lo conviertes en una caja negra que se equivoca sola, más rápido y a más escala.
qué monté
Antes de automatizar nada, lo paso por tres preguntas. Es un filtro tonto, pero me ha ahorrado muchos líos.
cómo lo hice
Las tres, en orden:
- ¿Es repetitivo y estable? Si cambia cada semana, automatizarlo es perseguir un blanco móvil. Espera a que se asiente.
- ¿El criterio se puede plantillar? Si la tarea es "depende", y ese "depende" vive en tu cabeza, primero escríbelo. Lo que no sabes explicar, no lo puedes automatizar (todavía).
- ¿El fallo es reversible? Si se rompe, ¿qué pasa? Si la respuesta da miedo, lo pruebo en seco (dry-run) y con red antes de soltarlo.
Y cuando pasa el filtro, dos reglas: que el script sea idempotente (que ejecutarlo dos veces no líe nada) y que deje un log de lo que hizo. Sin eso, automatizar es disparar a ciegas.
el resultado
Automatizo menos cosas, pero las que automatizo aguantan. Ya no me llevo sustos de "el script ha hecho no-sé-qué a las tres de la mañana", porque lo que corre solo es lo que de verdad estaba listo para correr solo.
qué aprendí
Que el trabajo de verdad está antes de automatizar: en ordenar y en escribir el criterio. La parte técnica es la fácil. Si un proceso te da pereza explicarlo, esa pereza te está avisando de que aún no toca.
Coméntalo en LinkedIn ↗