Cómo construyo herramientas que la gente quiere usar
He montado herramientas buenísimas que no usó nadie. Y herramientas mucho más tontas que la gente abría cada día. La diferencia casi nunca estaba en lo técnico.
el problema
Lo de siempre: dedicas semanas a una herramienta, la presentas con ilusión… y se queda criando polvo. No porque sea mala, sino porque le pides a la gente que cambie su forma de trabajar, que se acuerde de entrar a un sitio nuevo, que aprenda otra cosa.
Y la gente, con toda la razón, tira por el camino de menos resistencia. No es que no quieran: es que les has puesto una cuesta.
qué monté
Dejé de preguntarme "qué le falta a mi herramienta" y empecé a preguntarme "dónde está ya la gente". La mejor herramienta no es la que tiene más botones: es la que se cruza en tu camino sin que tengas que ir a buscarla.
cómo lo hice
Tres cosas que me funcionan:
- Llevarlo donde ya miran. En vez de "otra web más", el resultado me llega por Telegram, al móvil, donde ya estoy mil veces al día. Cero apps nuevas que recordar.
- Cero fricción de entrada. Nada de registros ni "configura esto primero". Que la primera vez ya dé algo útil.
- Defaults sensatos. Que funcione bien sin tocar nada; lo que se pueda ajustar, que sea opcional.
No es magia de producto: es ponerse en el lugar del que lo va a usar, que muchas veces soy yo mismo en un día con prisa.
el resultado
Lo que entrego donde ya está la gente se usa; lo que vive en "otra pestaña" se muere. Desde que lo entendí, diseño pensando primero en el último metro —cómo llega— y luego en todo lo demás.
qué aprendí
Que construir la herramienta es la mitad del trabajo. La otra mitad es que se cruce en el camino de quien la necesita. Si tienes que convencer a alguien de que la use, probablemente le has puesto la fricción en el sitio equivocado.
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