Cómo documento para no depender de mi memoria
Hubo una época en que yo era el cuello de botella. Cómo se montó aquello, por qué decidimos esto, cómo se resolvió la incidencia rara… todo vivía en un solo sitio: mi cabeza. Y mi cabeza ni se consulta a las tres de la madrugada ni viene a la oficina cuando estoy de vacaciones.
el problema
Documentar suena de maravilla hasta que toca hacerlo. Escribes un documento precioso, lo guardas en una carpeta… y no lo vuelve a abrir nadie, tú incluido.
El conocimiento se queda enterrado: existe, pero no lo encuentras cuando lo necesitas. Y lo que no se encuentra es como si no existiera. Resultado de siempre: todo el mundo preguntándome a mí, y yo de punto único de fallo.
qué monté
Le di la vuelta a la pregunta. En vez de "cómo guardo mejor", me pregunté "cómo lo encuentro mejor".
Monté un sistema donde escribo notas sencillas y luego le pregunto a mi propia documentación en lenguaje natural —como a un compañero que se lo ha leído todo— y me responde citando mis notas. Un segundo cerebro que de verdad puedo consultar.
cómo lo hice
Nada exótico, otra vez piezas estándar bien combinadas:
- Escribo en Markdown plano (vault de Obsidian), versionado en Git. Si mañana cambio de herramienta, mis notas se vienen conmigo.
- Un proceso parte cada nota en trozos, los convierte en vectores (embeddings) y los guarda en Qdrant, una base de datos que busca por significado, no por palabra exacta.
- Cuando pregunto, busca los trozos más parecidos y se los pasa a un modelo (Ollama en local para el día a día; algo más potente vía LiteLLM cuando la pregunta lo pide) que redacta la respuesta con esos trozos delante. Esto es RAG: el modelo no se inventa, responde con lo que yo escribí.
- Un cron reindexa de noche, así lo nuevo entra solo.
La clave no fue el RAG. Fue bajar el listón de documentar: si escribir una nota me cuesta más de dos minutos, no la escribo. Markdown plano, sin plantillas eternas, sin "rellenar campos".
el resultado
Hoy encuentro en segundos lo que antes reconstruía de memoria o rebuscaba en correos de hace un año. Y dejo de ser el punto único de fallo: el conocimiento está fuera de mi cabeza, escrito y consultable. Si mañana no estoy, el sistema responde igual.
qué aprendí
Que la mejor documentación no es la más completa: es la que se consulta. Un manual perfecto que nadie abre no sirve de nada. Si te cuesta encontrar lo que tú mismo escribiste, no tienes un problema de memoria: tienes un problema de búsqueda. Empieza por ahí.
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